Numerio Negídiez, las desventuras del moroso en la Edad Media

Pere Brachfield es morosólogoPere Brachfield es morosólogo, consultor especializado en la gestión integral del riesgo de crédito comercial, en la mejora de los procesos de cobro y en la recuperación de impagos, profesor de EAE Business School y autor de numerosos libros sobre morosidad y riesgos de crédito.

El nacimiento del derecho comercial dio lugar a la creación de una jurisdicción propia para resolver las reclamaciones de pago de los comerciantes. En la ejecución del deudor insolvente, las normas contenían disposiciones crueles que lo sometían a terribles represalias.

Publicidad infamante del nombre del quebrado

A los morosos se les consideraba ladrones y eran tratados como tales, con la detención física de la persona y la privación de libertad. Y se consagraba el derecho de los acreedores para dar muerte a su deudor. También se instauró el denominado “bando”, que consistía en la publicidad infamante del nombre del quebrado con su imagen en las paredes de las ciudades, con lo cual quedaba marginado de cualquier amparo, ya que le estaba prohibido contratar los servicios de abogados defensores.

La detención física del moroso iba a cargo de los propios acreedores, quienes posteriormente lo sometían a la autoridad competente. Además, el bando permitía la muerte y autorizaba las torturas para que el deudor confesara sobre sus actividades, bienes y cómplices.

Los morosos más desafortunados acababan en la cárcel o en la horca

La tortura se convirtió en un medio de prueba, y no solo se practicaba al deudor sino también a sus familiares. La publicidad también se hacía a través de otros mecanismos, como la exhibición del moroso en la picota pública, que consistía en amarrarlo a un poste y exponerlo al escarnio público, o trasladándolo en una jaula, totalmente desnudo y acompañado de procesiones crueles. Y se obligaba a los morosos a pasearse por las calles montados en un burro. Durante el paseo, el pueblo podía mofarse del deudor, insultarle e incluso tirarle toda clase de objetos. Los morosos más desafortunados acababan en la cárcel o en la horca.

Este artículo forma parte del Álbum “Numerio Negídiez: de profesión, moroso”, publicado por el propio Pere Brachfield en colaboración con Albert Pallarés. Su reproducción ha sido autorizada por el propio editor.

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