De profesión, moroso

Pere Brachfield es morosólogoPere Brachfield es morosólogo, consultor especializado en la gestión integral del riesgo de crédito comercial, en la mejora de los procesos de cobro y en la recuperación de impagos, profesor de EAE Business School y autor de numerosos libros sobre morosidad y riesgos de crédito.

¿Quién no ha tenido un moroso redomado en su vida? ¿Un cliente, un amigo, un conocido, un familiar, un vecino, un compañero de trabajo? El moroso consumado es algo tan español como la tortilla de patatas. Por ejemplo, ese deudor contumaz al que reclamas el pago de las facturas y que afirma solemnemente: «Eso no es imposible, pero tendrá que esperar», cuando en realidad quiere decir: «No tendrás mi dinero ni por encima de mi cadáver». Ese «amigo» que te pide dinero prestado y pronuncia la terrible sentencia: «En cuanto pueda, te lo devuelvo», lo que traducido al lenguaje real significa que nunca más los volverás a ver (al dinero y al presunto amigo).

El moroso profesional es un fenómeno difícil de erradicar puesto que ha permanecido enraizado en la tradición española desde hace varios milenios –todas las leyes promulgadas hasta la fecha para combatirlo han fracasado– y se ha convertido en un hecho tan frecuente, tradicional y arraigado, que para muchos ya parece una cosa normal y comúnmente aceptada. Buena prueba de ello es el elevado número de refranes y proverbios en el refranero español que afirman que cobrar a un deudor refractario, en España es un trabajo de Hércules. En particular, tenemos un proverbio cuyo autor es anónimo, pero que es un fiel reflejo de la sabiduría popular, y que dice: «Si doy a la ruina voy, si fío, aventuro lo que es mío, si presto, al pagar me ponen cara de mal gesto, y para evitarme todo esto, ni doy, ni fío ni presto».

En épocas de bonanza económica ha existido siempre morosidad

morosidadQuiero desmitificar la idea de que la morosidad es un problema de las crisis económicas. De hecho, en España, en épocas de bonanza económica ha existido siempre morosidad y han existido morosos empedernidos. En cada nación la gente tiene sus propias costumbres, cultura, tradiciones y sus leyes. En cada país, en función de una serie de condicionantes de tipo histórico y sociológico, existe una forma diferente de pagar las deudas. Por tanto, los hábitos de pago de cada país son diferentes, y vienen condicionados por determinantes que han intervenido en su consolidación a través de muchas generaciones.

Desde la perspectiva filogenética, el origen evolutivo del moroso actual se remonta a su directo ancestro que vivió en el Neolítico hace más de 6.000 años. Consiguientemente, el deudor impenitente del siglo XXI lleva el genotipo del primer moroso de la historia en sus cromosomas. Ahora bien, el antepasado más relevante de la genealogía del moroso es sin duda el pícaro español del siglo XVI.

El moroso intencional de nuestra época no engaña para sobrevivir ni es un bandido generoso

reflexiones de expertos en torno a las lecciones de la crisis del coronavirusCon todo, el pícaro tradicional, que adquirió carta de naturaleza con la publicación del Lazarillo de Tormes, era un antihéroe que luchaba para salir adelante en un mundo hostil y miserable. El bergante del Siglo de Oro engañaba al prójimo para sobrevivir, pero con frecuencia, a su manera, era más ético que sus semejantes, mucho más honrado que sus señores. En el fondo, el pícaro de antaño era un combatiente contra un sistema injusto y su lucha era contra el hambre. En cambio, el moroso intencional de nuestra época no engaña para sobrevivir ni es un bandido generoso que roba al rico para dárselo al pobre; por el contrario, embauca para procurarse una vida fácil sin dar golpe. El moroso de nuestros días engaña a sus acreedores solamente porque quiere vivir bien a costa de los demás y no siente ningún remordimiento por los perjuicios que provoca a sus acreedores. De modo que no tiene el menor sentimiento de culpa, puesto que no conoce el significado de la empatía.

Para destapar a un moroso de profesión, hay que comprobar si el sujeto sospechoso reúne una serie de características y rasgos diferenciales. Por lo general, es un varón con una edad entre los 35 y los 65 años. Tiene la habilidad de hacerse pasar por empresario, pretendiendo ser un hombre de negocios acreditado. En realidad es totalmente insolvente, ya que no tiene propiedades registradas a su nombre ni ningún activo embargable. En muchas ocasiones ha creado un entramado de sociedades para ocultar sus bienes. Es una persona proveniente de la clase media-alta, con estudios y con cierto nivel cultural. Cuenta con una buena capacidad de comunicación interpersonal, viveza de espíritu, buena memoria, y una enorme inteligencia emocional.

Mantiene en todo momento la sangre fría y tiene habilidad para escaquearse

Las empresas podrán acogerse a la demora en el pago de impuestos por el coronavirusMuestra una gran autoestima y aplomo. Mantiene en todo momento la sangre fría y tiene habilidad para escaquearse. Se siente superior y está convencido de ser mejor que los demás. Mantiene una situación familiar irregular, no se sabe si está casado, soltero, divorciado o separado, ya que cambia con frecuencia de pareja. Proyecta un carácter sumamente afable, simpático, es un gran seductor; es divertido, atractivo, posee un gran don de gentes, cae bien a los demás e inspira confianza. Es un sujeto urbano, prefiere vivir en las grandes ciudades y suele residir en una zona de clase alta o en un barrio residencial (siempre de alquiler), pero cambia con frecuencia de domicilio ya que no suele pagar los arrendamientos, y además cambiar a menudo de lugar de residencia le permite eludir a sus acreedores.

Va creando sucesivamente distintos negocios, ya que cuando llega al límite y no puede seguir eludiendo a sus acreedores, pega el persianazo, cierra la empresa y desaparece, dejando a los que quieren cobrar con un palmo de narices. Luego, como un ave Fénix, monta otra sociedad para empezar de nuevo; de esta forma consigue nuevos créditos. En realidad, ninguno de sus negocios cuenta con activos sólidos y va dejando un reguero de deudas por doquier.

Esperamos que los datos facilitados sirvan para identificar a los morosos que medran en nuestra sociedad y evitar ser víctimas de estos profesionales de la mora.

Extracto de la presentación del libro Numerio Negídiez: de profesión, moroso, editado por Pere Brachfield y del que es coautor junto a Albert Pallarés. Su publicación ha sido autorizada por el propio editor. 

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