Cómo adaptarnos a la nueva normalidad

Josep Pey i Rosell es asesor de CecotJosep Pey i Rosell es colaborador de la patronal Cecot en Dirección Estratégica Internacional.

La historia nunca se repite pero rima. Esta frase atribuida a Mark Twain nos viene a decir que aparentemente cada día pasan cosas diferentes, pero que en el fondo nada es nuevo. Heráclito de Efes, filósofo griego, hace 25 siglos, ya decía que no nos podemos bañar dos veces en el mismo río, pero bien es verdad que el río se asemeja mucho a sí mismo. Siempre está cambiante, pero lo hace según unas pautas que se repiten, el hielo en invierno, el deshielo a la primavera, el estiaje a finales del verano, etc.

Así pues la historia “rima” en los principios universales inmutables, pero las cosas que suceden son diferentes. Es decir, cambios siempre han habido, ahora bien, son diferentes en la forma en que se manifiestan. Por lo tanto, hay que estar atentos a dos cosas: a la secuencia (rima) y a los cambios (acontecimientos).

Lo que cambia es la manera de cubrir las necesidades

Hace cien años las personas tenían que comer, vestirse, tener una vivienda, desplazarse, distraerse, comunicarse, etc… Hoy todo esto también es necesario. Por lo tanto, como hemos dicho, lo que cambia a lo largo de la historia no es la rima, sino la manera de cubrir estas necesidades.

“La normalidad es un concepto abstracto, una nominalización lingüística para referirnos a aquello que personalmente, en nuestro imaginario, encaja en lo que deseamos”. Si lo entendemos así, ¿habría que preguntarnos a que nos referimos con la nueva normalidad? ¿Es algo que nos tiene que venir dado? ¿o es algo que tenemos que construir?

¿Si seguimos igual que antes, podremos realmente adaptarnos a esta nueva normalidad?

adaptación a la nueva normalidadPreparar un plan para afrontar esta nueva normalidad empresarial requiere saber interpretar cómo las nuevas tendencias, las nuevas tecnologías, los cambios reguladores, económicos, etc. pueden acabar condicionando nuestra empresa. No se trata tanto de adaptarnos en base a lo que ya teníamos, sino de construir modelos empresariales que se adapten a los nuevos condicionantes del entorno. Lo que tendríamos que cuestionarnos es el hecho de que, ¿si seguimos igual que antes, podremos realmente adaptarnos a esta nueva normalidad? En definitiva, hablar de la nueva normalidad no deja de ser un eufemismo que utilizamos para concienciarnos que las cosas, a partir de ahora, serán diferentes.

Un plan para afrontar una etapa de cambios como el actual, tiene que contemplar los siguientes aspectos:

1. Gestionar el corto plazo. Implica ocuparse de aquellas tareas que son urgentes y muy importantes para la empresa. Son ejemplos todas las medidas que las empresas han tenido que desplegar para parar el golpe de la Covid-19. ERTE por causas de fuerza mayor, objetivas, ajustes, ocuparse de la liquidez, etc. Son medidas importantes y urgentes. Y también lo son las medidas de tipos tecnológicas, comerciales, organizativas, etc.

2. Adaptarnos en el corto/medio plazo. Implica desarrollar habilidades y competencias dentro de la empresa que nos permitan aprovechar las oportunidades que se derivan de los cambios de este nuevo escenario al cual nos tenemos que adaptar.

3. Anticiparnos en el medio/largo plazo. Cuando la empresa ha gestionado el más inminente y asegurado el medio plazo, tiene que integrar en sus cuadros directivos el hábito de identificar periódicamente los riesgos de futuro, que a pesar de que tienen una muy baja probabilidad de ocurrencia, pueden llegar a tener un gran impacto en el negocio.

Hay que tener muy clara la diferencia entre gestionar y liderar

Finalmente, es indispensable liderar la evolución y los tempos de estos tres aspectos. Por eso hay que tener muy clara la diferencia entre gestionar y liderar.

Gestionar permite mejorar la eficiencia cuando el modelo económico está definido. Liderar implica visionar modelos empresariales de futuro y conducir voluntades. Los momentos que vivimos requieren sin duda grandes dosis de liderazgo.

Un buen gestor puede ser un gran líder, siempre que tenga la predisposición a escuchar

Una de las preguntas que nos hacemos a veces es, hasta qué punto, un buen gestor puede ser también un buen líder. Claro que sí, un buen gestor puede ser un gran líder, siempre que tenga la predisposición a escuchar, y no tenga miedo de rodearse de gente con perfiles profesionales que complementen su visión en aquello que toca hacer en cada momento.

Artículo publicado en Viaempresa y reproducido con permiso expreso de su autor.

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