Cuando lo único que queda es amar

Pepe Cabello, coach, empresario y director general de Diamond BuildingPepe Cabello es empresario de vocación, formado en habilidades comerciales e interesado por la Inteligencia Emocional y la PNL, fundó Diamond Building, compañía que dirige y en la que ejerce como coach.

¿Qué es lo más grande que puede llegar a creer que tiene una persona? Definitivamente, sus hijos… Los hijos son ese tesoro que creemos poseer y a los que ponemos el máximo de amor posible, si es que se puede medir eso del amor.

Las personas decimos: «Te amo mucho», e incluso nos preguntamos: «¿Cuánto me amas?». Como si fuera posible establecer una baremo o medir el amor.

El amor es un valor absoluto: o amas o no amas; pero no se puede amar más o menos. Es como el equilibrio, la puntualidad… Son valores absolutos. Una persona no puede ser más puntual que antes: o eres puntual o no lo eres. Tampoco se puede tener mas equilibrio… O tienes o no tienes.

O eres un ser humano o simplemente eres un ser vivo

El amor es igual, un valor absoluto. De hecho, estoy absolutamente convencido que el amor es el estado natural del ser humano, así que podemos ya concluir algo tremendo: O eres un ser humano o simplemente eres un ser vivo, porque lo que nos trajo hasta aquí fue el amor y lo que hará que sigamos aquí, en este planeta será el amor.

El amor lleva varios valores intrínsecos como el respeto, la generosidad y el desapego. Quizá si desglosamos estos tres valores podríamos entender más aún qué es el amor. Respeto no es otra cosa que comprender definitivamente que cada persona ve las cosas de manera diferente y que tiene la misma razón que tú. Discutimos por opiniones absurdas creyendo tener razón y peleamos como si nos fuera la vida en ello.

En unos días me tengo que operar de una hernia y me decía el cirujano que quizá deba perder mi ombligo, que será más eficiente la operación. Le respondí: «Los ombligos son como las opiniones: personales, intransferibles y no sirven para nada…».

El día que entendamos que el otro es el otro, y esto lo autoriza a ser diferente a ti, fundamentalmente en ideas y creencias, comenzaremos a respetar. El respeto es dejar de creer que tienes razón y aceptar que el que está frente a ti también la tiene (excluyendo de esta aseveración a quienes no respetan la libertad y la vida de los demás).

Dar esperando no es generosidad, sino interés

La generosidad es fundamental para entender el amor, ya que nos saca del “te rasco porque me rascas” para llevarnos al “te rasco porque lo deseo”. Es dar sin esperar. Dar esperando no es generosidad, sino interés. Un buen amigo mío dice: «Nunca me decepciona una persona porque nunca espero nada de ellas». Es una buena manera de entender este concepto, además de sumarle el dar y compartir.

Por último, el desapego es una de las claves del amor. Cuando decimos «te quiero» no es nuestro ser quien lo dice, sino nuestro ego… ese cúmulo de creencias absurdas acerca de nosotros mismos que nos destrozan la vida y que nunca parecen estar saciadas. El ego siempre quiere más de lo mismo, no se agota de pedir. Por eso dice «te quiero»… como verbo de posesión. Te quiero para mí; si no, no te quiero. Madres y padres que quieren a sus hijos y les joden la vida, simplemente porque los quieren poseer y sentirse, así, mejor madres y padres. Cuando quieren sin liberar; cuando quieren ejercer poder y control sobre la otra persona.

Amar es pensar en la otra persona y liberarla. Es tratarla desde lo que quiere ser y no desde lo que yo quiero que sea. Amar es dejar ir; dejar que los demás acometan su misión y propósito.

Recientemente leía en la Biblia que “de tal manera ama Dios al Mundo que entregó a su hijo para que todo el que en Él crea tenga vida”. Lo que vemos aquí es un desapego absoluto. Entregar la posesión mas preciada a favor de un propósito hace que podamos entender qué es el amor.

Amar no es pensar cómo me siento yo con esa persona sino cómo está ella con o sin mí

Amar no es pensar en cómo me siento yo cuando estoy con otra persona, sino cómo está esa persona con o sin mí. Amar es mirar a tu alrededor y elegir no entrar en discordias, aceptar que habrá siempre quien quiera discutir contigo, pero hay que dejarlo ir. Amar es no criticar ni enjuiciar, sino bendecir o simplemente guardar silencio cuando escuchas algo feo de ti.

Amarte a ti no es quererte; no es poseerte, sino liberarte. Respetar lo que eres sin insultarte, al mismo tiempo que cambias lo que no te gusta de ti, pero sin peleas contigo mismo. Aristóteles decía que «la vida es un camino de retorno a uno mismo». Quizá ésa debería ser nuestra principal empresa: “rescatarnos”… salvarnos de nosotros mismos. Y para eso sólo puede ser a través del amor. Ser generoso contigo, darte tiempo para ti. Si una persona no puede dedicarse al menos una hora al día para sí mismo, por algún lado se le esté escapando la vida.

Desapegarte de ti mismo, fundamentalmente de tus opiniones. Gandhi decía: «No te apegues a nada, ni siquiera a tu opinión». Estoy seguro que el amor empieza por uno mismo. De esa manera y en esa medida podremos amar a quienes nos rodean y definitivamente esta humanidad podrá tener un rayo de esperanza en seguir viva.

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