Cambiando mi lente, cambia mi visión

Pasar de las gafas a las lentillas ha sido una experiencia metafísica

Pepe Cabello es empresario de vocación, formado en habilidades comerciales e interesado por la Inteligencia Emocional y la PNL, fundó Diamond Building, compañía que dirige y en la que ejerce como coach.

Nunca pensé que algo tan simple como pasar de usar gafas a usar lentillas iba a causar en mí una experiencia tan rara y hermosa. Me pusieron gafas con cuatro años de edad y, definitivamente, esto determinó cómo vería el mundo a partir de entonces. Es evidente, aunque no lo recuerdo, que mis padres debieron detectar que mi visión no era buena y terminaron colocándome unas gafas, entonces poco usadas entre niños. De hecho, en mi colegio sólo habíamos dos niños con lentes y tuve que vivir con el título de “gafitas cuatro ojos, capitán de los piojos”. En fin… cosas de niños y que marcan incluso la manera en que te miras a ti mismo.

Afortunadamente, ese capítulo de mi vida de complejo por usar gafas pasó a la historia. Lo tremendo (y nunca me había dado cuenta de ello) es que comencé a ver el mundo a través de esos cristales de aumento para corregir mi hipermetropía.

Así he vivido cuarenta años. Mirando el mundo a través de unos cristales que me permitían ver con nitidez. A veces uso esta metáfora en mis cursos para explicarles a los asistentes que las creencias son como llevar unas gafas puestas. Sólo me permiten ver lo que se ve a través de ellas y sólo si están bien graduadas, podré ver con claridad el mundo que llamamos real.

El asunto es que necesito mentirle a mi cerebro colocando delante de mis ojos las gafas y, así, poder construir una representación mental mas exacta con respecto a lo que hay delante de mi. Las creencias actúan de igual manera en nosotros; o sea, me dejan ver aquello para lo que se graduó el cristal. Por ejemplo, si no creo que hay oportunidades en el mercado actual, simplemente no podré verlas, aunque estén delante de mis propias narices, ya que mis gafas –creencias- no estarán graduadas para ver esas oportunidades. Me he encontrado en estos años a muchos empresarios y vendedores a los que acudí a comprarles, diciéndome que «no hay clientes». Paradójico explicarle a un cliente que no hay clientes… En fin, cuestión de ceguera mental.

Creo profundamente que graduarse las gafas correctamente te ayudará a ver con más nitidez lo que desees encontrar. De hecho, no sólo se trata de ajustar las dioptrías de tus gafas. En estos días me atreví a dar un pasito más y unas amigas me han ayudado a vencer mi vieja creencia de que no podía usar lentillas. Ha sido más fácil de lo que yo mismo pensaba, lo que me sigue mostrando que la mayoría de las cosas que continúo creyendo que son difíciles lo son simplemente porque ni me he puesto a hacerlas. Una vez empezado, y en pocos días de prácticas, lo que parecía una odisea se ha convertido en algo fácil de hacer: colocarlas y quitarlas.

Lo que mas me ha gustado es la experiencia de descubrir que había cosas a ambos lados de mí, a mi alrededor y que, además, ¡ahora las veo!

He vivido cuarenta años creyendo que a mis lados las cosas no se veían o eran borrosas. De veras que aún sigo alucinando cuando camino por la calle y puedo darme cuenta de que “cambiando mis lentes (mis creencias), amplío mi visión”; no sólo física, como es el caso.

La metáfora me lleva a concluir que, cambiando mi manera de mirar –aunque sea colocando delante de mí algo que es una mentira-, puedo comenzar a ver cosas que nunca había visto pero que estaban ahí; delante de mis propias narices…

¿Qué ves que no te gustaría estar viendo?

Me pregunto ¿cuántas cosas hay delante mío que no puedo ver porque mis creencias no me dejan verlas? Me he propuesto algo a partir de esta experiencia y es que no quiero aceptar lo que miro como real; algo que enseñaba cada día a las empresas y alumnos de mis cursos pero que ahora lo he vivido en esta dimensión:

¿Qué ves que no te gustaría estar viendo? Te parece si revisamos las lentes que llevamos puestas por si es por esta causa. Quizá llevas demasiado tiempo poniéndote las gafas de la escasez, la mediocridad, el fracaso o el conformismo. Quizá no quieras seguir usando esas gafas.

¿Qué te gustaría ver que no estas viendo? ¿Te atreverías a dejar de creer lo que crees para instalar en ti un modelo de creencias que estén mejor graduadas para este nuevo modelo de mundo y para este nuevo mercado? Quizá no sea fácil; sobre todo porque la mayoría de veces llegamos a creer que somos lo que creemos de nosotros. Es decir, a veces confundimos lo que somos con las gafas que llevamos puestas.

No somos sólo lo que vemos de nosotros. Somos mucho más y mejor, por lo que te invito a desafiar la manera en que te miras y, en el caso de que no te guste lo que ves, aprendamos juntos a vernos con nitidez, con respeto y con el amor que merecemos hacia nosotros mismos

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