Su espíritu de superación le convirtió en un gran campeón

Thomas Green, campeón olímpico de marcha atlética«He ganado la medalla de oro /stop/ Hace mucho calor /stop/ Nos vemos pronto /stop/ Os quiero”. Éste era el telegrama que, el 3 de agosto de 1932, el marchador Thomas Green (1894/1975) envió a su familia horas después de haberse proclamado campeón olímpico de los 50 kilómetros marcha que, por primera vez en la historia olímpica, se disputó en los Juegos de Los Ángeles 1932. Con salida en el parque Griffith, junto a las montañas de Santa Mónica, y final situado en el Coliseum angelino, la prueba se desarrolló bajo un intenso calor que, en algunos puntos del recorrido, llegó a recalentar el alquitrán del asfalto. Tomaron la salida un total de doce competidores. Mediada la carrera se había destacado definitivamente un trío de favoritos con el italiano Ugo Frigiero –doble campeón olímpico de los 10 km-, el lituano Janis Dalinsh y el británico Thomas Green. El trío marchó unido durante varios kilómetros hasta que el ritmo marcado por el lituano Dalins motivó que Frigerio flaqueara hasta quedar descolgado mientras Green, que tenía dificultades para seguirle, también acabó cediendo más de un minuto. Muy tocado por el calor, Green, que a lo largo de la vida había sido un constante ejemplo de superación, se resistía a tirar la toalla y, cuando peor lo estaba pasando, un cubo de agua fresca vertido sobre su cuerpo por un  espectador le reanimó hasta el punto que comenzó a recortar distancias hasta alcanzar a Dalinsh para, poco después, con el lituano agotado y tocado moralmente, dejarle atrás lanzándose hacia la victoria final en 4.50:10. El lituano Dalinsh llegó segundo con más de siete minutos de retraso, siendo tercero Frigerio, a casi nueve. Siempre nos quedará la duda de qué hubiera sucedido de haber participado el marchador español Guerau García que, por sus registros, hubiera figurado entre los aspirantes a la lucha por las medallas.

Un amigo ciego le dijo que, si se dedicaba a la competición, sería un ganador nato

El espíritu de superación fue una constante en la vida de Thomas Green: afectado de raquitismo, no pudo caminar hasta los 5 años; durante la I Guerra Mundial, combatió en Francia, resultando herido tres veces y, finalmente, evacuado por afectación pulmonar por efecto de los gases. Acabado el conflicto, a sus 32 años descubrió la marcha cuando acompañó a disputar una prueba a Willem Lowings, un amigo suyo que era ciego. Percibiendo sus condiciones, éste le dijo que, si se dedicaba a la competición, sería un ganador nato. Y así fue como Green inició su extenso palmarés que, seis años después, tuvo su máxima expresión en el oro olímpico. En 1931 tuvo que renunciar a la tentativa de establecer el récord mundial de los 50 kilómetros al padecer un accidente laboral y perder el dedo pulgar de la mano derecha, que a partir de entonces siempre la llevaba vendada cuando competía. Se da la circunstancia que el día en que se disputaba la prueba de 50 kms selectiva para acudir a Los Ángeles, el coche que le debía trasladar a Leicester tomó el camino equivocado hacia Londres. Cuando se dieron cuenta, rectificaron pero llegaron a la salida cuando hacía ya más de 40 minutos que la prueba había comenzado. Pese a ello, “Tommy” Green se lanzó a cubrir la distancia y, al concluir, había hecho un tiempo que mejoraba en 4 minutos al del vencedor. Ante esta situación, los jueces no tuvieron duda en seleccionarle para los Juegos.

El club Belgrave Harriers instituyó en su honor la Thomas Green Cup

Precisamente para acudir a Los Ángeles sacrificó siete semanas de sueldo como empleado de los ferrocarriles y pudo viajar gracias al apoyo del empresario propietario  del cine de su ciudad, Eastleigh, que financió y le acompañó en el viaje(1). En 1934, Green dejó su trabajo en los ferrocarriles y abrió un pub que, durante la II Guerra Mundial, fue muy frecuentado por las tropas norteamericanas desplazadas a Inglaterra. Durante el conflicto, Green, ya en la reserva por edad, formó parte del cuerpo de Defensa Pasiva de su ciudad con el grado de capitán. El club Belgrave Harriers, del que siempre formó parte, instituyó en su honor la Thomas Green Cup que, desde 1949, premia anualmente el mejor resultado individual obtenido por un atleta de dicho club.

1) Lo más parecido a lo que hoy llamaríamos “crowfounding” o micromecenazgo.

Juan Manuel Surroca, periodista experto en Juegos OlímpicosJuan Manuel Surroca, periodista experto en deportes y en olimpismo.
Los artículos de esta sección son reproducciones de su blog, que puede consultarse en el sitio
http://elmarcadordejmsurroca.blogspot.com.es/

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