Sin pasión

Xavier Marcet es consultor en estrategia e innovación.Xavier Marcet es consultor en estrategia e innovación y CEO de Lead To Change.

Sin pasión no pasa nada. La pasión como encendedor de la razón. La pasión como suma de compromiso e ilusión. La pasión rompe la inercia que se derrama. La pasión permite dar sentido al esfuerzo y a la tenacidad. Pasión, propósito y resultados forman un buen triángulo. Les escribo sobre pasión después de volver a leer el libro de Jim Whitehurst «The open organization», donde se narra la historia de la empresa Red Hat. El libro dedica todo un capítulo a la pasión como un catalizador fundamental que normalmente no aparece en los libros que marcan los cánones del management. Sin pasión no pasa nada significativo. La pasión de Olivetti por el diseño en sus máquinas de escribir y por una empresa y una sociedad más justas. La pasión de Steve Jobs por la caligrafía y por el diseño en sus Mac. La querencia por el detalle como última frontera de la calidad. La pasión por la tecnología y por las personas que permitió a Mateo Valero crear el Barcelona Supercomputing Center. La pasión por el cliente que cambió la forma como la plataforma de venta de zapatos por internet Zappos atendía a los clientes y que acabó siendo el emblema de una compañía. Gracias a la pasión, un contact center puede devenir el corazón de una empresa. La pasión que late en Hiberus para crecer, la pasión que noto en Ferrer con una lógica social poco habitual, la pasión poco estridente, como de motor diésel, que veo en empresas longevas que se mantienen consistentes. Pasión equilibrada, no hay que volvernos yonquis, pero pasión suficiente para que pasen cosas sorprendentes y a veces extraordinarias en nuestras organizaciones. Por cierto, las máquinas no exhiben pasión, no desprenden emoción, proporcionan datos y funcionalidad.

Se trata de operativizar la pasión para alcanzar el impacto

reflexiones de expertos en torno a las lecciones de la crisis del coronavirusNo hablo de una pasión alocada. No es un ‘amour fou’. Es otra cosa. Y es que lo sensato es apasionarse. Es esa pasión que proporciona una pátina que cambia nuestra forma de trabajar. Se trata de operativizar la pasión para alcanzar el impacto. No es la pasión platónica que invadía a algunos artistas del Renacimiento como si con tan solo el bosquejo de su cuadro o escultura ya fuera suficiente para intuir la potencia de la idea que anidaba detrás. No. Se trata de la pasión por la obra culminada. Continúo con algunos ejemplos que me son cercanos. La ONCE y su fundación decidieron consolidar su división empresarial, en noviembre del 2014 se decidió la creación de Ilunion y hoy esta empresa figura entre las cinco primeras que ofrecen más empleabilidad en España, ocupando a un altísimo número de personas con discapacidad. Nunca vi tanta pasión por el trabajo en gente que, a menudo, no puede ver. En Ilunion he sentido sencillamente emoción. La pasión que, visitando Lanzadera, el centro de ‘start-ups’ impulsado con el apoyo de Mercadona, desprendían los emprendedores al relatar su proyecto o la pasión del propio equipo de Lanzadera en exponer los 8.000 puestos de trabajo creados por los emprendedores que han tenido allí alojados. La pasión se declina a veces en aprendizaje, a veces en innovación, a veces en la creación de una comunidad, y siempre en esfuerzo y en constancia. La pasión hay que construirla, no cae del cielo.

La gente que trabaja por el impacto son gente que trabaja para ofrecer más resultados que excusas

En las organizaciones hay gente que trabaja por inercia, gente que trabaja para alcanzar impacto y gente que trabaja con sentido de legado. La gente que trabaja desde la inercia merece todo el respeto, simplemente a veces les cuesta adaptarse a un mundo de cambios que desafían constantemente sus inercias. La gente que trabaja por el impacto son gente que trabaja para ofrecer más resultados que excusas. Alcanzar resultados es una forma de servir a aquellos que quieren servir y de paso garantizar la continuidad de la organización. Y después está la gente que trabaja por legado, muchos de ellos capaces de sostener por largos periodos una pasión sosegada, constante, con el fin de dejar algo que valga la pena, algo que no sea anecdótico, circunstancial, algo que permita a los demás crecer, algo que combine mejor el objetivo de alcanzar resultados con la dignidad de las personas.

confinamiento en época de coronavirus y replanteamiento profesionalEs esa pasión que siento al escuchar a Joan Plaza, el gran entrenador de baloncesto, cuando me dice que es un cazador insaciable de nuevas inspiraciones que le permitan mejorar su trabajo como entrenador, su misión de convertir un ‘egosistema’ en un ecosistema para dar resultados. Necesitamos más pasión y menos tonterías. Alejémonos de devenir funcionarios de la nada, soldados de la inercia, militantes de la queja, mayordomos de la mediocridad. La pasión se vive pegada al propósito.

La compasión es la intención de beneficiar a los demás

Las organizaciones necesitan tres cosas: resultados, pasión y compasión. Dar resultados es fundamental. Sin resultados las empresas no sobreviven. Los propósitos se despliegan en resultados o perecen. Solamente podemos definir un management humanista si garantizamos los resultados. Para tener empresas humanistas, primero necesitamos tener empresas sanas. Los resultados no se pueden obtener de cualquier modo, pero no son negociables. En segundo lugar, la pasión. Sin pasión nos derrota la inercia, sin autenticidad nos engulle la mediocridad. Y en tercer lugar, la compasión. No la compasión como piedad pasiva hacia los demás. Compasión entendida como la suma de empatía y de acción. Me ha gustado mucho el libro sobre liderazgo compasivo de los consultores Hougaard y Carter: “La compasión es la intención de beneficiar a los demás. La compasión no se trata de complacer a los demás y darles lo que quieren”. En definitiva, “tener sabiduría significa tener criterio sobre cómo liderar a los demás y cómo administrar las empresas con propósito y sostenibilidad”. En las organizaciones necesitamos resultados para sobrevivir, pasión que acompañe nuestra razón y compasión que acompañe a las personas.

Artículo publicado en La Vanguardia y reproducido con permiso expreso de su autor.

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