La autodisciplina (1ª parte)

Pepe Cabello, coaching deportivo, formaciónPepe Cabello es empresario de vocación, formado en habilidades comerciales e interesado por la Inteligencia Emocional y la PNL, fundó Diamond Building, compañía que dirige y en la que ejerce como coach.

Aún recuerdo con una nitidez extrema el día que mi padre me encargó realizar una tarea concreta. Yo era pequeño; tenía diez años. Me gustaba ir con él a trabajar a su taller. Estar rodeado de herramientas me divertía, me hacía soñar cosas algunas de las cuales aún recuerdo.

Un día, pasó junto a mí y me pidió limpiar una caja de herramientas de uno de sus trabajadores. Me entretuve en mis sueños y no hice el trabajo. Él volvió a pasar y me recordó lo que tenía que hacer. Pero tampoco lo hice.

A la tercera vez que pasó y vio que no había cumplido con mi responsabilidad me dijo: «Si a una persona hay que decirle más de dos veces lo mismo, es que es tonto».

Seguramente algunos pensaréis que fue duro conmigo; pero ni mucho menos. La vida ha sido mucho más dura que algunas palabras que educaron mi manera de ser. Lo más probable es que mi padre no supiera que en ese momento estaba inculcando en mí uno de los dominios más importantes de la inteligencia emocional: la autodisciplina.

La cantidad de veces que hay que repetir las mismas cosas a personas de diferentes edades

Me causa una compasión enorme observar la cantidad de veces que hay que repetir las mismas cosas a personas de diferentes edades. Es como si estuvieras hablando con una planta o un jarrón.

Un niño debe aprender ciertos valores que harán de él una persona responsable y fiable. Qué duda cabe que la autodisciplina es uno de esos valores y su práctica una de las competencias a desarrollar por una sociedad donde hay que repetir demasiadas veces lo que hay que hacer.

Se calcula que tan sólo un dos por ciento de las personas son capaces de asumir su responsabilidad sin tener que repetirle las mismas cosas día tras día.

Me parece fundamental como característica del liderazgo. No me cabe duda que todos deseamos para las futuras generaciones lo mejor. Es decir que todos queremos dar al Mundo los mejores hijos. Lamentablemente he de preguntarme: «¿Será que no podemos enseñar a nuestros hijos lo que no somos?»

Si a más de un noventa por ciento de la población hay que repetirle constantemente lo que hay que hacer, y esto lo hemos convertido en la normalidad; si mentir a las empresas con los tiempos para los que fuimos contratados; si llevarse a casa una grapadora de la oficina y si usar los recursos de la organización donde trabajamos a nuestro favor es algo normal, no puedo creer que un discurso de honestidad y disciplina surta efecto en los jóvenes.

Los niños sólo estaban replicando el modelo de sus padres

El otro día veía como insultaban a un preadolescente en su colegio. El grupo de compañeros de su clase que lo hacían me causaron rabia en un principio. Pero me quedé pensando que ellos sólo estaban replicando el modelo de sus padres. Conozco personalmente a algunos de esos progenitores y no son un ejemplo a seguir en cuanto a disciplina y honestidad… Discusiones por todo, coches en doble fila y que se espere el de atrás, “oídos sordos” a las llamadas de atención del colegio, etc. Evidentemente, esperar que sus hijos sean disciplinados y honestos es como pedirle a un geranio que salte de alegría y mueva el rabo cuando te vea llegar a casa.

Me decía un profesor de la Universidad de Córdoba, hace un tiempo, que para muchos jóvenes la palabra “no” la escuchan por primera vez en la Facultad. Les produce un trauma y les desestabiliza emocionalmente, le dicen algunos colegas. Seguramente sus padres, engañados por un falso amor, les dieron y permitieron en demasía.

Me quiero ocupar en qué clase de hijos le voy a dejar de herencia a este Mundo

No me cabe duda que la intención de cada uno con respecto a sus hijos es la mejor, pero no es la intención lo que educa, sino el ejemplo. No pretendo dar una lección de educación paternal, no creo que yo sea ese ejemplo a seguir. Estoy atreviéndome a pensar por escrito algo que me inquieta cada día. Sólo sé que mañana quizá yo no esté vivo y más que preocuparme con qué les voy a dejar de herencia a mis hijos, me quiero ocupar en qué clase de hijos le voy a dejar de herencia a este Mundo.

He preguntado cientos de veces en publico qué es mas importante en la vida para conseguir el éxito: ¿ser disciplinado o ser listo? Todo el mundo responde lo mismo: ser disciplinado.

Mi pregunta siguiente, y con tono jocoso, siempre es: Y España, ¿es un país de listos o de disciplinados? A lo que podéis imaginaros las respuestas… «De listillos», dicen muchos.

La disciplina es una de las claves de una sociedad madura y no egoísta. Instalar en las mentes de los pequeños que las cosas no se deben repetir varias veces para que se hagan es estar construyendo líderes para el mañana y personas que podrán ser confiables, porque la disciplina genera confianza y fiabilidad.

¿Qué tres principios ponen e evidencia este valor? Lo veremos en la próxima edición de Zona de Coaching.

Artículos relacionados

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del usuario, realizar análisis de navegación de los usuarios, mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias y mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que rechaza el uso de cookies, pudiendo producirse errores de navegación o problemas de visualización de determinados contenidos. Para más información, consulte previamente nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies