El día que me muera, que me bailen

¡Nunca vi a un camión de mudanzas tras un coche fúnebre!

Pepe Cabello es empresario de vocación, formado en habilidades comerciales e interesado por la Inteligencia Emocional y la PNL, fundó Diamond Building, compañía que dirige y en la que ejerce como coach.

En Nigeria pasa algo asombroso cuando alguien fallece. Los amigos y familiares contratan una banda de música y todo el mundo canta y baila alrededor del féretro mientras que los portadores no dejan de perder su ritmo igualmente, haciendo bailar al propio ataúd con el fallecido dentro. Es increíble a los ojos del mundo que se apena porque perdieron a un ser querido y no volverán a verlo nunca más.

Ponemos el foco en lo que perdemos en lugar de en lo que ganamos durante su vida

Esta cultura “se cuenta otra historia” absolutamente diferente de lo que está ocurriendo en ese instante. Ellos celebran el tiempo que ha vivido y la felicidad que ha sido capaz de experimentar, al mismo tiempo que reflexionan y halagan la aportación que el fallecido ha hecho al mundo. El mundo occidental y nuestra mentalidad grecorromana han hecho que vivamos la muerte de un ser querido como una pérdida dolorosa. Y no digo que no lo sea, pero definitivamente ponemos el foco en lo que perdemos en lugar de en todo lo que ganamos durante su vida.

Un sabio dijo en una ocasión: «No estés triste porque la estrella dejó de existir; sé feliz porque brilló durante un tiempo». Éste es el foco que dan en Nigeria y que estos días me llamó poderosamente la atención. No somos dueños del acontecimiento, pero sí lo somos de la historia que nos contamos y, en consecuencia, de la emoción que experimentamos. ¿Por qué nos da miedo morir? Llevo unos días meditando en esta pregunta y sólo encuentro una respuesta: Porque creemos que perdemos algo. De hecho decimos: ¡Perdió la vida! Y cosas así.

Creo que hemos puesto un enfoque desmesurado en la posesión de cosas y de ejercer control sobre todo cuanto nos rodea, de manera que sentimos que perdemos aquello por lo que hemos luchado en nuestra vida. Decía, y con mucho acierto, Jim Rohn: ¡Nunca vi a un camión de mudanzas tras un coche fúnebre! Quizá lo que hace que los nigerianos de alegren no sea que se despiden de un ser querido para no volver a verlo, sino que le dicen un «hasta luego» y se centran definitivamente en lo que esta persona les aportó y les dio. ¡Qué lección de vida!

¿Qué pasaría si lo único que nos pudiéramos llevar de aquí fueran experiencias?

esperanza, positivismo y optimismo¿Qué pasaría si lo único que nos pudiéramos llevar de aquí fueran nuestras experiencias? Esto centraría nuestra atención en experimentar en lugar de en poseer. Esto haría que cuando fuéramos de viaje a los lugares a los que vamos no hiciéramos fotos de esos lugares para luego verlas. Total, esas fotos, y mejor realizadas, están en Internet. Miraríamos con nuestros ojos, oiríamos cada detalle, tocaríamos cada peldaño de una escalera de un castillo o de una roca colocada en una catedral o en una mezquita por años. Respiraríamos el aire de esa ciudad o país. Hablaríamos con su gente, tratando de llevarnos de ese lugar una experiencia que sume al bagaje de nuestra vida.

Si un día alguien nos pregunta antes de morir «¿de que te arrepientes?», que no tengamos que responder como los pacientes de la doctora Elizabeth Kübler-Ross: «Me hubiera arriesgado más». No tiene sentido que cuando estemos a punto de partir de aquí, nos digamos a nosotros mismos que deberíamos de haber arriesgado mas en la vida.

Mañana es un día que no llegará jamás

El día de arriesgar es hoy, no mañana. Mañana es un día que no llegará jamás. «Mañana es un día que sólo existe en el calendario de los necios», decía Og Mandino. El día donde hay que vivir es en el hoy. Si somos capaces de vivir en el hoy, dando lo mejor de nosotros mismos cada día, de “buen rollo”, no esperando nada a cambio, simplemente sabiendo que cada cosa que hacemos puede ser una semilla que crezca en nosotros mismos o en otras personas; si somos capaces de trabajar llenos de felicidad y hacer las cosas lo mejor que podemos o sabemos, si somos capaces de dejar de juzgar y criticar a quien no nos escucha; si somos capaces de dejar de quejarnos; si somos capaces de respirar profundamente y de seguir caminando mientras quede un halo de vida en nosotros… quizá, nos recuerden algún día como alguien que aportó algo de valor a este mundo. Acumulemos experiencias poderosas; es lo que nos llevaremos de aquí.

Una vez, hace años, escuché a alguien decir: «El día que naciste tú llorabas mientras todos reían; vive de tal manera que el día que mueras, todos lloren mientras tu sonríes».

Me atrevo a preguntarme cómo sería si el día que partiéramos de aquí todos riéramos, cantáramos y bailaramos… Entonces sabríamos dos cosas: que habríamos vivido al más alto nivel de entrega y pasión y que habríamos aportado algo a los demás. Dicho sea de paso, también habríamos aprendido a poner el foco en lo correcto; es decir, sabríamos lo que hemos ganado con esa persona, no lo que perdemos porque se va.

Declaremos hoy el punto cero y pongamos pasión y entusiasmo en cada cosa que hacemos. Despierta tu presencia y suma a tu cuenta de experiencias una más. Una más y mejor cada día.

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