Calcomanías de mi niñez

Cosas que perduran… ¡o no!

Pepe Cabello es empresario de vocación, formado en habilidades comerciales e interesado por la Inteligencia Emocional y la PNL, fundó Diamond Building, compañía que dirige y en la que ejerce como coach.

Hace poco paseaba por la calle en la que me crié… ahí viví hasta los casi siete años, que nos mudamos al Barrio de San Agustín, una de las zonas viejas de mi ciudad natal, Córdoba. Paseando, me acerqué a la fachada donde solía jugar con mis amigos a pegar las calcomanías que nos tocaban en los chicles o que comprábamos para tatuar nuestros brazos… pegábamos muchas de ellas en esta pared.

Me sentí abrumado. Aún siguen ahí sus restos. Pensar que muchas de ellas las puse yo hace más de 40 años me hizo sentir algo tremendo… ¿Sabéis lo que más me impactó? Mi recuerdo de estar pegándola; tenía la calcomanía a la altura de mi cabeza, puedo recordarlo… Lo veo y siento en la yema de mis dedos la sensación de la pared rugosa y frotándola con mis dedos mojados con mi propia saliva… Ahora las miro hacia abajo, pero revivo las mismas sensaciones.

Mirar una obra tuya en la distancia produce sensaciones extrañas

calcomanias Pepe Cabello, Diamond BuildingEvidentemente jamás puse una sólo calcomanía pensando que un día, cuarenta y pico de años después, las contemplaría. Mirar una obra tuya en la distancia produce sensaciones extrañas. Me refiero sobre todo a aquellas que no contemplas cada día. Esas que una vez hiciste y que pasaron a tu baúl del olvido.

Así son nuestras obras en la vida: las hacemos y quedan ahí, por años… A lo mejor podremos contemplarlas algún día desde otro lugar… o simplemente jamás podremos verlas. Pero quedarán; o quizá alguien las borre.

No reparamos en cada detalle de lo que hacemos

Lamentablemente, vivimos tanto tiempo en un estado de inconsciencia, que no reparamos en cada detalle de lo que hacemos. Me pregunto qué mensaje me hubiera dejado a mi mismo si supiera que las iba a contemplar años después. Pensaba qué sentía el día que las puse. ¿Era consciente? ¿Puse cariño, pasión, entrega?

Si, ya sé: era un niño. Pero éstos fueron mis pensamientos mientras contemplaba esa “obra de arte callejero”.

Hoy deseo vivir en el mayor nivel de plenitud y consciencia, sabiendo que algún día quiero contemplar la gran obra de mi vida… con sus cosas buenas y sus tremendos errores. Quiero saber que asumí la responsabilidad de mis hechos y las consecuencias de mis acciones. Quiero saber que cada cosa que hago le pongo el amor, la entrega, la plenitud y la pasión digna de un trozo de mi vida dedicado a ello.

Me quiero negar a hacer cualquier cosa que no merezca la pena que sea contemplada como una gran obra; por mí o por otra persona.

Quizá ni recuerdo la inmensa mayoría de cosas que hice

Me quedé tan atónito pensando en cuantas cosas quise hacer con aquella edad o con otras más crecido y nunca hice; quizá ni recuerdo la inmensa mayoría. Pero, de repente, recordé dos cosas… y las hice. ¿Sabéis qué fue? Una tatuarme algo en mi brazo derecho. La otra… bueno: permíteme que me la guarde en mis secretos.

Sea como sea, hay que hacer lo que creéis que es lo correcto. Y si lo correcto es pegar una calcomanía… ¡pegadla! No os quedéis con las ganas de hacer algo, si está enfocado en vuestros sueños y no hace daño a otra persona. ¡Hacedlo!

De sobra sabemos que nunca nos arrepentiremos de la mayoría de sosas que hicimos. Pero sí de todo lo que nunca tuvimos el coraje de hacer.

 

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